julio 02, 2011

III

Te descubrí vendiendo postales, y como el resto no creí ni una palabra. Aún así compré dos, una del infierno y otra del cielo. Me hiciste ver que si permanecía a tu lado, las postales se volverían reales. Y mi única forma de comprobarlo fue dejando todo. Porque nadie entra al cielo sin dejar su vida que tanto le costó hacer. Y créeme, que la única manera de entrar al infierno es dejando todo aquello de ti que vale. Y sí, lo di todo. No a ti, sino a mí, lo perdí para tener otra cosa, algo nuevo, pero lo nuevo no es así para siempre y lo gastamos, lo usamos y sobre todo lo arruinamos. Y dejó de ser bueno, nuevo y sorprendente. Ahí fue cuando me di cuenta de que acostumbrarse a no esperar nada predecible era demasiado peligroso. Además en tierra no hay paraíso, sólo postales, pero el infierno es cosa de los seres humanos. Y no te puedo culpar porque yo te pedí que improvisaras algo sobre lo que nunca habías leído. Porque sabías poco sobre los lugares que vendías. No es por creerme única, pero sé que después de esto sabes más de lo que me vendiste. Lástima que nadie recuerda más que yo lo que vivimos después de comprarlas, por lo que no hay reembolso. Y por las postales? Me devuelves mi vida y lo que de mí valía? No, porque yo no sabría qué darte a cambio. Porque no me queda nada. Ni siquiera sé qué darme a cambio. Supongo que volveré a buscarme una vida y cosas en que creer, mientras tú sigues vendiendo postales de lugares a los que temes volver. Lo curioso es que aún no lo sabes, y yo no te lo voy a decir.

P.D.: Extraño comer pomelo con cuchara y que me lo prepares vos mientras me contás de tu día.Te extraño, extraño lo que eramos antes, pero no sirve de nada recordar como era todo antes de ahora, porque no por eso va a volver. Fue lindo mientras duró. Gracias:) (Aun te amo).-

junio 15, 2011


II

Ella tenía razón cuando me decía que no viviese cosas intensas en lugares que frecuente, porque cuando el mundo deje de girar alrededor nuestro, los lugares se pondrían grises. Y de ese color estaba la calle entre las vías y tu casa, donde te dio miedo que esto saliera bien. Claro, nunca supimos qué es bien en todo lo que vivimos. Entonces nunca voy a poder culparte por ser cobarde. Yo también lo fui. Después de que te arrepintieras, porque te di a vos una oportunidad para volver eso atrás o seguir adelante y por darle una oportunidad más a una vida que se merecía más oportunidades que vos. Entonces no nos puedo culpar. Por eso mejor culpemos a los trenes. Que muestran mi debilidad y que siempre van a recordarme a tu casa y todo lo que se va. Tal como vos. Ella tenía razón cuando dijo que había cosas que era mejor no arruinar.

Cartas.-


I

Me enamoré de vos, muy a pesar de mí. Igual eso ya pasó, tranquilo, no estoy enamorada.
El error es aún más grave: te amo. No me gusta cómo se ve escrito, pero quizás tenga que ver con el poco sentido que se le da a estas dos palabras. Que incluso hoy día yo misma les doy. No te equivoques, nunca te dije nada sin sentirlo, y por desgracia nunca pude sentir nada y no decírtelo. Aún recuerdo de lejos, aquel temor que tenía a que me mirases a los ojos y me descubrieras. Hoy mismo maldigo mis ojos, no aprendieron a mentir tan bien como yo. Hoy los maldigo porque me delatan en las escondidas. Lástima que no es un juego de grandes, ni de chicos que pretenden serlo.

junio 02, 2011

Más Allá del Fin del Mundo - cuento

Todavía me queda el recuerdo de ese día tan lejano. Vívido, grabado en mi memoria sin las más mínimas intenciones de abandonarme. Caminaba por las transitadas calles del centro de mi ciudad natal escuchando a medias lo que me rodeaba, con la cabeza casi totalmente enfocada en el desarrollo de ese extenso día, pero un quiebre de la monotonía del lugar, desvió mis cavilaciones: cruzaba por una calle poco transitada para lo que se podía considerar común a esa hora en ese lugar y había un auto de policía en la esquina, lo que también sorprendía. Veía que la gente  que me rodeaba cruzaba a la otra vereda opuesta a la que yo transitaba, luego escuché un grito desgarrador, que helaba adentro, y comencé a mirar hacia todos lados porque no podía ver de dónde provenía, pero me sentí totalmente estúpida cuando caí en cuenta de que todos a mi alrededor levantaban la vista como si tuvieran intención de ver algo en el cielo, pero sus miradas no apuntaban allí, sino a un edificio gris oscuro y demasiado lúgubre, me recordaba a algo triste que en realidad no recordaba; haciendo un análisis rápido del edificio pude ver que en una ventana (la única abierta) del 9º piso había un cartel de venta y deduje que de ahí había provenido el desgarrador grito, por lo que mi vista fue instintivamente hacia el piso, donde yacía un hombre joven, sin expresión alguna pero con mucho que decir, y por lo visto, con mucho que ocultar todo evidenciado en la lividez de lo que había dejado en este mundo que lo había llevado a convertirse en una insípida masa de nada rendida ya en el pavimento. Rendida de todo lo que podemos rendirnos, quedando vacíos de algo que valga.
En el tren que me alejaba del último lugar que pensé me salvaría de mí misma  me planteé cuantas veces nosotros nos encontramos así pero sin tirarnos de un edificio. Pero ya había pasado mucho desde aquel día. Mucho tiempo, muchas ciudades, pero sobre todo muchas personas. Reí amargamente y acallé las voces que me atormentaban con este tipo de recuerdos con una suave música country, y entre palabras, conversaciones del inconsciente y la música me sumí en un sopor increíblemente efectivo para que se desvaneciera el paisaje de esa tarde que dejaba atrás en el tren, que me llevaba a mi próximo destino. No sabía dónde estaba ni a dónde iba, tampoco quería pensarlo, sólo había pedido un boleto a donde terminara el recorrido del tren. Tantos viajes me habían enseñado lo inútil de viajar escapando de los problemas, pero actuaba por impulso y creía que todo era por algo. No tengo idea de en qué momento dejé de pensar y empecé a soñar, pero dormí bastante mal y me despertó bruscamente el maquinista cuando llegamos al final del recorrido. Bajé con mi escaso equipaje y me enfrenté una vez más al lugar desconocido. Ya había pasado por esto otras veces, no era nuevo, pero aún así me producía esa mezcla de ansiedad y nervios por lo desconocido. Quién diría que este viaje sería tan distinto a los otros…
Si alguien alguna vez tuvo dudas sobre dónde queda el fin del mundo, puedo asegurarle que yo ya lo había dejado en la estación anterior. Eso era la nada misma, y por eso me gustaba, porque tan lejos no llega el pasado. Me esperaba un nuevo presente, me esperaba una nueva vida, durase lo que durase, no importaba; aunque era consciente de que no permanecería en ese lugar mucho tiempo para no arraigarme a nada que luego pudiera extrañar. Solas, me encontraba yo misma, mi pequeña maleta y mis otras personalidades, buscando una posada para pasar la noche. Caminé un par de quilómetros bajo el rayo de un sol que alguna vez tuvo un esplendor rajante ya por esconderse en el horizonte delimitado por el contraste del límpido cielo y el desértico paisaje que llegaba hasta donde alcanzaba la vista. Encontré algo parecido a un parador y entré. Absolutamente descuidado y lúgubre, contando historias de viejos ebrios, me recibió aquel lugar, adornado con dos personas de aspecto extraño y hosco. Además del dueño que era un joven que parecía entender mucho de la vida e importarle muy poco lo que se leyera en los libros. De cualquier forma me gustó la transparencia de su mirar ambarino y expresión segura, así que le pregunté si podían hospedarme. Asintió y me lanzó unas llaves, luego de señalarme con la cabeza, la habitación que me correspondía.
Pasaron varias semanas hasta que me gané su confianza, y comenzó a contarme de su vida allí; ya no tenía familia, sólo una chica con la que estaba desde hace años. Mientras, yo le contaba de mis viajes, lugares que había visto, y otros sobre los que sólo había leído. Pasábamos noches enteras hablando en su barra, bebiendo algo fuerte para brindar por los viejos tiempos. Sólo una noche nos excedimos, y nada más se necesitó para que cometiéramos el más hermoso error de nuestras vidas. Lo repetimos cada noche, pero había una falla y yo lo sabía. Lo amaba, pero nunca lo sentí completamente mío, y se lo adjudiqué a que estábamos en el lugar equivocado, ya que yo no pertenecía allí. Pronto llegó el día en el que se lo hice saber porque me había superado, y le pedí que huyamos lejos; vi la duda deformando sus seguras facciones cuando me pedía un tiempo para pensarlo.
A la mañana siguiente me desperté al alba, consciente de que mi partida era inaplazable. Lo busqué y él no estaba allí para mí, en su lugar había una breve carta que decía: “No puedo, lo siento. Te amo”. La tomé y en su lugar dejé algo que había escrito pensando en él hacía un tiempo:
“Nuestros errores, perdonados. Los únicos que no tenemos perdón somos nosotros. Gracias por venir cada noche, nunca pediré disculpas por lo hecho.  No tengo miedo, ya no, el miedo es otra cosa, es lo que opaca el placer por el placer mismo. Sé que las cosas cambiaron desde el principio porque ya no hay culpa. Si existe el infierno, y sé que existe, entonces valdrá por todo este paraíso. Pero no se ha perdido lo mejor, nunca llegamos a la rutina, sé cómo es cada momento, cada centímetro de ti, pero nunca nos acostumbramos el uno al otro, cada vez es mejor, estoy  segura porque cuando más puedo verte es cuando cierro los ojos. Somos prisioneros del placer, y uso esta palabra por temor a decir más. No le temo a las consecuencias de lo que hacemos cuando nos ve solamente la luna, sino a necesitarte de día. Las cosas sólo pasaron, no sé nada ya, aunque no cambiaría ni una noche contigo, ni por la mismísima salvación del infierno que vendrá, ni por una explosión de libertad, porque soy prisionera de tu cuerpo, de tus manos y de tu piel contra la mía, y jamás cortaré esas cadenas. Haremos implosión cuando ese fuego destruya las máscaras que nos obliga a llevar la encandilante luz del sol, cuando golpea en nuestros rostros que delatan una verdad carente de alma, llena de frío, que opaca la luz, la de tus ojos, cuando pronuncias mi nombre en el resguardo de la oscuridad. Yo te cuidaré, nunca me dejes, pase lo que pase, cada noche será nuestra.”
Luego me fui, sujetando con fuerza lo que me quedaba de él.
Tres años pasaron mientras jugaba a llevarme bien con los distintos colores de la vida, aunque lo único que rondaba mi cabeza era volver a aquel parador. Este tiempo me había cambiado mucho. Los placeres profundos marcan adentro, mientras que los vacíos que había disfrutado a medias en los últimos tres años, me habían cambiado el aspecto y lo habían modelado a su gusto definiendo rasgos desconocidos para la inocencia.
Unos meses después me encontraba en el parador, ya rendida y entregada a lo que más había amado. Entré y me recibió un niño pequeño que me miraba profunda y suspicazmente con aquellos ojos ambarinos que tan bien conocía. Lo saludé con la mano mientras lo buscaba a él con la vista. Estaba de espaldas, al escuchar la puerta abrirse, volteó y preguntó.
- Señorita, ¿en qué la puedo ayudar?
- ¿No me reconoces?
- Disculpe, no. ¿De dónde debería conocerla?- De tras se oye una voz cantarina de mujer llamándolo.
- No, debe haber sido un error. Gracias.
Él fue a la parte de atrás en respuesta al llamado mientras yo me disponía a irme, entonces el niño me entrega una hoja de papel a la vez que me devuelve el saludo. Quería compartir ese secreto con él, pero en realidad no había nada que explicar, el niño ya era parte de eso tácitamente y comprendía mucho más que yo. Abandonando aquel lugar para siempre, como creí hacer la primera vez, apreté la carta contra mí. La mayor parte de las cosas  que nos habíamos dicho y que más habían expresado habían sido por ese medio. Mi rostro estaba inexpresivo, pero con la característica tranquilidad del que sabe que ya no queda más que perder. Desdoblé la hoja y vi que no había agregado más que una post-data a la vieja carta que algún día le dejé:
“Cada noche de mi vida desde el día en que te fuiste, pensé en ti. Y pasó aquello que más temí: te amé todos los días desde que salió hasta que se puso el sol. Cada día, hasta que dejó de hacer cálido a este mundo de fríos. Por eso te devuelvo esta carta, para que no quede nada de un pasado que nunca querré borrar, pero que tendré que confinar a la más remota memoria, para así lograr seguir con la vida que tanto me costó reconstruir. Si lees esto, quiere decir que ya no nos veremos nunca más. Sé feliz, y no prives a otros de lo que puedes dar”.
En ese momento el sol se ocultaba por última vez en aquel horizonte, el cual no volvería a ver. Aunque presenciaría otros, llenos de seres, que gritan en silencio, penas y glorias.

mayo 10, 2011

·Nosotros, la vía y el camino·


Breve introducción
Me preguntó si quería ir a la casa, le dije que sí. Caminamos, llegamos, conocí a la hermana (Jess, es M., una amiga), comimos tarta de zapallitos fría y después fruta. Nos reíamos, porque no esperábamos que esté la hermana, entonces cuando terminé dijo que me acompañaba y volvía. Y así fue. En un momento como caminábamos muy rápido, le dije de detenernos un segundo, y accedió con la condición de sentarnos en el cordón de la vereda. Estábamos al lado de las vías del tren y a una cuadra después de las vías estaba la parada, gran metáfora que entendí después. Mientras, nosotros dos, ahí sentados, y él empieza:
·M·: Todo este juego me parece una pendejada, y… estoy bastante confundido (Yo esbocé una media sonrisa amarga, sabiendo por qué lado venía el asunto).
·M·: No te confundas, no quiero ser tu novio ni nada, eh?
M.: No, no, ya entendí de qué se trata. De hecho, ya estabas tardando mucho en decirlo. Lo vengo esperando.
·M·: Por algo en particular?
M.: No, simplemente porque ya estaba durando mucho todo esto.
·M·: Me parece que ya no deberíamos seguir con esto. Es muy inmaduro, y vos tenés que madurar, y quiero ayudarte a hacerlo.
Me encontraba con mi mejor expresión de relajación y tranquilidad y de hecho, la media sonrisa persistía. No estaba ahí porque me gustara todo eso, porque en verdad odiaba esa situación, sino porque es algo que a venía esperando.
·M·: Entonces?
M.: Entonces qué?
·M·: Qué pensas?
M.: Nada, simplemente que entiendo lo que decís y que si así lo querés entonces no hay problema.
·M·: Pero reaccioná! Pegame, menos en la cara, que no se note mucho por favor. Pero descargate, decime algo, puteame.
M.: Já. No tengo por qué hacer nada de eso. No quiero hacerlo, ni hay motivos tampoco. Basta con que olvidemos todo esto último que pasó, no me afecta ni cambia hacerlo.
·M·: Sé que me vas a tomar bronca después de esto. Vamos a seguir siendo amigos?
M.: Otra vez, no tengo por qué hacerlo. Vos acaso me ves con bronca?  Y claro que vamos a seguir siendo amigos. Eso nunca cambió.
·M·: No, pero yo te conozco, sé que estas cosas te hacen mal, sé que te hice mal. Por favor, decí algo.
M.: No tengo nada más que decir ·M·, más que nos vemos mañana.
·M·: No, no te vayas (mientras que me abrazaba. Yo no lo correspondía, no quería hacerlo). Siento que sos como una bomba. Y que si te suelto, explotás y se acaba todo.
M.: No voy a explotar ni nada, simplemente voy a seguir con mi tarde y vos con la tuya.
·M·: Ok, pero no ves que estás enojada?
M.: No lo estoy, en serio.
·M·: Entonces por qué no me abrazás?
M.: Porque ya no tengo deseos de hacerlo, no lo siento.
·M·: Odiame, pero hacé algo!
M.: no tengo nada más que hacer más que irme, porque llego tarde.
·M·: No me importa. Hacé algo o te obligo de cualquier forma.
M.: Que nunca se te vuelva a ocurrir acercarte a mí. Ni a besarme ni nada que quieras hacer.
·M·: Voy a poder abrazarte? Y darte besos en la mejilla?
M.: Sí, pero no te excedas.
·M·: M., te quiero muchísimo, como amiga, pero te quiero. Y siento que está todo mal. Me parece que estoy yo peor que vos.
M.: Sí, te estás tomando todo esto, demasiado extremista. No ves que yo estoy bien?
·M·: Perdón. No podés olvidarte de todo lo que te dije hoy?
M.: Bajo ninguna circunstancia. De lo que me voy a olvidar es de todo lo que pasó.
·M·: Pero por qué te podés olvidar de eso y de lo otro no? Es un círculo. Yo no me quiero olvidar de lo otro.
M.: Pero yo sí. Y así va a ser.
·M·: No quiero que te vayas. Por lo menos abrazame antes.
M.: Ok. (Me abrazó, y yo a él, muy fríamente. Dando todo lo que estaba en mí para que el notara que me dolía todo aquello. Y para peor, recordé todo. Nosotros de la mano, después en una cama mirándonos y sonriendo. Él abrazandome y preguntándome si era feliz y diciendo que él lo era… Y se me empañaron los ojos, y él notó el cambio. Me miró)
·M·: Sé que me vas a tomar bronca, sé que mirás al tren y lo que pensas, sé que cuando me vaya vas a llorar. (Sólo se equivocó en la primera).
M.: Me voy ·M·, prométeme que te vas a cuidar.
·M·: Sí. Mañana que va a pasar?
M.: Va a ser todo como siempre. Bye bye.
Y me alejé y él hizo lo propio, con expresión de tristeza. Fui por el atajo a las vías del tren. Lo esperé y no llegó, entonces no pude darle el final a mi historia, o a este momento. Y seguí con el camino que debía. Lo metafórico fue ver cómo entre nosotros dos y el resto de mi camino aquella tarde sólo estaba el tren. No lo entendí hasta el final. Tenía la opción de frenar en las vías o seguir el camino que correspondía a este día. Y lo hice. Aún no sé por qué.
Hoy no maduré más como él quería que fuese. Sólo aprendí dos cosas:
1)      Cómo comer pomelo con cuchara.
 Se corta el pomelo a la mitad y se le corta la cáscara y después por la línea de los gajos. Se le pone mucha azúcar y después se sacan los gajos con la cuchara^^
2)      Por lo general en cada situación desagradable de la vida tenemos dos opciones muy claras. Para ambas (aunque muchos no piensen como yo), se necesita valor. Una es terminar con todo lo que pueda dañarnos con dignidad, caminando de espaldas en una vía. La otra, es cruzar la vía de frente y seguir con la mejor expresión posible. Cuestión de saber qué queremos, no?  Quizás no  es lo que sepamos sino lo que hagamos. Basta con hacer algo.
Todo esto sucedió hoy de dos y cuarto de la tarde a tres menos veinte.
P.D.: Mis excusas por no comentar!!! Ya me pondré al día. Suerte escribidores. Au revoir.

mayo 05, 2011

.You'll need me to remember, and you'll hate me, because you won't forget a second.

Hoy me levanté por obra y gracia de algún desubicado, porque no me desperté realmente hasta las dos de la tarde. Me faltó el reggae de la mañana. No hay mejor terapia que ponerme a Bob Marley a las 6 de la mañana para olvidarme del mundo y saber que este queda muy lejos y que algo mejor se puede lograr. Entonces simplemente dormí para despertarme variadamente para ir al colegio y ahí volver a dormir. Pero en este mundo hay demasiados desubicados, la verdad no sé cómo será en otros, y no me dejaron dormir tranquila, por lo que a la media mañana tenía mucho sueño y un ataque de nervios a medio estallar, además de un interesante examen de matemática para el que no sabía ni para qué verge estaba la profesora ahí adelante. Y estallé, y contesté mal, y putié a medio mundo mientras lloraba un poco, y ·M· me decía melodramática... (y carajo que tiene razón! pero la presión es mucha) estaba tan dormida que ni sentí cuando llegué y me abrazó con ternura, luego caí en cuenta de ello, y me duró el efecto un tiempo, hasta que volví a la realidad. Me recordó que la última flaca que amó tuvo muchas más experiencias que yo, además de más años, pero que ya no quería hablar con ella. Ya lo conozco, no le va a durar mucho. Entonces me limité a guardarme mis opiniones sobre la señorita y desearle suerte con ella o sin ella o como quisiera estar. Me puso de mal humor (sí, peor humor) una frase de él: "Está más loca que vos. Otra cosa en la que te supera" Y yo, andá a pasear ·M·. Pero bueno, la cosa no quedó tan mal, aunque no lo ví en el resto del día porque no salía en los recreos, mejor así. Como dice sabiamente Mili: mejor no cagarla más, che. Y tiene mucha razón porque de hecho fue el mejor consejo que recibí jamás. Al mediodía me manda un sms, diciendo que me invitaba a comer, y a los 5 minutos otro que decía que mejor no, de cualquier forma me puso de muy buen humor, no sé vi algo lindo en ese mensaje, aunque muchos digan que necesito un oculista urgente. Yo me reí porque estaba haciendo ese bendito exámen, en el que creo que me fue muy bien o muy mal, da lo mismo.
Con Mili hablabamos de algo interesante que había dicho la de psicología en su hora, pequeño momento en el que me desperté para ver si decía algo interesante, y de hecho lo hizo. Explicó esto:
"El amor o enamoramiento se divide en tres etapas para saber si es el primero o el segundo:
1)Idealización de la otra persona.
2)Desilusión al caer en cuenta de que la persona es eso mismo, una persona y no un ser perfecto.
3)Aceptación de la otra persona tal como es."
Lo que dio para bastante charla, porque Mili y yo recordamos a ·M·, ella que lo conoce bastante bien y yo también. Pero yo me ubiqué a mí misma en esa situación con él y me dí cuenta de que:
1)Nunca llegué a idealizarlo, porque desde un principio lo ví tal cual como era, y cuando empecé a conocerlo realmente, ya sabía de su parte menos agraciada, por así decirlo.
2)Las desiluciones fueron varias, pero aprendí algo básico para la "convivencia" con él: Jamás esperar nada, y sorprenderme. Él mismo es el ejemplo más claro de lo que es la vida, te saca y te dá desproporcionadamente y espontáneamente, y te sorprende cada día, sobre todo si no esperás nada. Te hace llorar y reir, te da paz y te altera, tiene cosas hermosas y otras horribles. A veces te querés alejar muchísimo, para otras no querer dejarlo jamás. Lo que no tiene la vida que él si tiene son dos cosas básicas:
     a) A él lo amo con todas mis fuerzas, pero a la vida sólo me gusta verla de vez en cuando.
     b)El me abraza como nunca nadie lo hizo, me siento más en paz y feliz que nunca cuando me rodea con sus brazos. "Cierro los ojos y te veo más, no tengo miedo a caer, si sostienes mi estructura y me haces bien" Como dijo sabiamente Ceci, la mejor descripción de los abrazos la hiceron Charly y Nito. Voy a extrañar esos abrazos.
3) Aprendí a aceptarlo creo, aprendí a ver que si fuera perfecto no sería él, ya conocí la perfección en una persona, y me gustó, pero tenía ese defecto justamente, era todo lo que quería, excepto lo más importante, no era ·M·. Y él mismo me pregunta, porqué me amás? Porque sos vos mismo-le digo- Por tus rayes y locuras, porque sos tierno y terco, porque sos sinceramente cínico y también dulce. Porque hayas hecho lo que hayas hecho, tenés el maravilloso don de decir después algo que me haga olvidarlo todo. Porque abrazás sintiendo, como si siempre te estuvieras yendo y a la vez me estuvieras diciendo que estás acá para mí siempre, son esos abrazos de despedida, en los que los cuerpos no se quieren separar porque se van a necesitar luego, y la falta se nota, en el frío, que destruye de a poco. Porque sos vos ·M·, por eso te amo, porque no sos otra persona y no hay otra persona que sea vos. Sólo te pido que me dejes amarte (aunque siempre desee muy en el fondo que también me ames con la intensidad que yo lo hago).

P.D.: Plaza Arenales. El lugar más lindo del mundo. Esto ya parece un diario íntimo, pero algún día lo necesitaré para recordar, y lo odiaré por no permitirme olvidarlo.
Gracias por leer escribidores! Que tengan lindo finde! Au revoir:)

mayo 02, 2011

·Bombing for peace is like fucking for virginity·

Me abrazaba el fuego en la nuca, fuego de heridas como cadenas en los brazos que me ataban estática al lugar en el que permanecía inexpresiva. Silenciosa, escuchando gritos desde lo profundo, gritando en silencio. Clamando NO mientras mi deseo era otro. "El asombro motiva la pregunta" (decía alguien en aquel mundo tangible de afuera), una vez más, para qué?, por qué? porqué debo ser libre? acaso lo soy? Esta sensación de esclavitud es la libertad que elegí? Allá afuera hablaban de saber, explicaban la felicidad como algo tan simple... mientras que yo lo veía tan intrincado, un camino errado y difícil. No creía en buscar, creía en vivir, y si buscar era vivir?, pero me negaba  a hacerlo por el precio que luego hay que pagar. "La felicidad y la sabiduría se alcanzan cuando se ama y se es amado" He aquí la respuesta a lo que no cabe en mí, no porque no lo entienda, sino porque amar duele. Amar y no ser correspondido, es morir despacio. Es ser consciente de que uno desea ser feliz, pero que va más allá de nuestros deseos.
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"Credo Quia Absurdum est Credere"
"Creo porque es absurdo creer". Dolerá menos creer en vivir sin preguntarse por qué? Existirá el placer de descubrir este por qué si no nos lo preguntamos antes? Y si en vez de preguntar por qué no simplemente vivimos el para qué, que es en verdad lo que nos motiva a hacer las cosas?

"Credo ut intelligo et intelligo ut credam"
Creo para entender y me paso la vida creyendo cosas que no comprendo con la eterna esperanza de alguna vez entender, o sólamente dejar de creer y ahí claudicar. Porque si no creemos; sin esperanza... Entonces con qué vacío y absurdo objeto existimos?
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"La teología es la fe que busca entender lo que cree", entonces
"El amor es la esperanza que busca entender lo que quiere"

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P.D.: Título by A., gracias nena! Clases de teología, no hay muchas opciones: 
1)discuto y me va mal
2)no discuto y me duermo
3) Me inspiro con lo que escucho.
Días tranquilos que pasan por encima de uno pesadamente, además estoy con insomnio por la culpa de no llegar a estudiar todo...
Suerte pensadores y escribidores. Au revoir:)